En vez de fingir o estrellarme una copa de celos, le dio por reir. De pronto me vi como un perro de nadie, ladrando a las puertas del cielo. Me dejo un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo. Tenían razón mis amantes en eso de que antes, la mala era yo, con una excepción;
Asi que se fue, me dejo el corazón en los huesos, y yo de rodillas desde el taxi, haciendo un exceso, me tiro dos besos... Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas. Lo fui, poco a poco, dando por perdido. Dijo "hola y adiós" , y el portazo sonó como un signo de interrogación. Sospecho que así se vengaba, a travéz del olvido, cupido de mi. No pido perdón , ¿para qué? si me va a perdonar,
porque ya no le importa..
Me abandonó, como se abandonan los viejos zapatos.
Tanto lo queria que tarde en aprender a olvidarlo diecinueve días y quinientas noches...
