Te apoderaste al instante de mi ocio, y al fin y al cabo, pude entender que hiciste negocio. Una rafaga de balas seductoras no lograban vulnerar una coraza idiota, y con mi seguridad ya en la miseria fuimos por un café; vos, yo y tu histeria. Sin mucho mas que hablar nos despedimos, comprobé que ya era inútil extender ese partido. Colgué los timbo y bajé la persiana, sin embargo, tu autoestima cascoteó mi ventana. Sugerías necesitar mi delirio, para ganar espacio me mostre cual tipo tibio. Empezó a inquietarte mi nueva conducta, pero caí derrotada por tus brotes de astucia. Me regalaste vacaciones en tu alcoba, atrás quedó esa idiotez de dormi cola con cola .
¿Quién dijo que no se puede?
¿Quién dijo que no se puede combinar inconstancia, inconciencia y lealtad?
¿Que es imposible dar un paseo, un día a tu cielo, un día a mi infierno?
Estoy seguro compañero, y me juego mi alma loca 
que no debe existir boca como esta en el mundo entero.